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El pasado de la
primera universidad del actual territorio nacional
La primera universidad
argentina nació en Córdoba cuando la ciudad hacía pocos años se había
fundado y habían casi concluido las escaramuzas indígenas que
mantuvieron en vilo a sus primeros habitantes, por la justa defensa de
sus tierras. Escasos vecinos ocupaban un grupo de precarias casas que se
hacía llamar ciudad.
Desconocemos si hubo
un solemne acto de creación de la universidad como debería haber
merecido, aunque seguramente no hizo falta. Sólo sabemos que fueron los
jesuitas sus iniciadores y que lo hicieron por imposición de sus propias
Constituciones que demandaban establecer sus estudios mayores en
la sede territorial. La misma se creó en 1604 y llevó el nombre de
Provincia Jesuítica del Paraguay, que abarcó los actuales territorios de
Uruguay, Argentina y Paraguay, el sur de Brasil y Bolivia, y hasta 1625
Chile que se desprendió como Viceprovincia del Perú.
El General del Instituto ignaciano,
Claudio Aquaviva le encomendó al Padre Diego de Torres que dirigiera la
empresa, quien como autoridad sentó las bases de una obra educativa y
misional que trascendió sus propias fronteras y el tiempo. El flamante
provincial llegó a la ciudad de Córdoba cuando contaba con 60 vecinos
españoles y 4.000 indios sobrevivientes de aquellos 40.000 que dieron
noticia los primeros españoles.
Lentamente y en toda la región se
fueron formando las instituciones ignacianas paralelamente a la creación
de casi un centenar de pueblos de indios que abrazaron el cristianismo,
amparándose de la esclavitud y muerte de quienes invadieron estas
tierras. La reducción era una alternativa pacífica frente a la guerra y
lo que les garantizaba la salvaguarda de sus propias vidas, aunque
resignaran parte de su cultura.
Sobresalieron grandes jesuitas que
fueron los cimientos de nuestra intelectualidad. Desde filósofos y
teólogos, pasando por naturalistas y botánicos, lingüistas y filólogos,
matemáticos y astrónomos, hasta médicos, etnólogos, cartógrafos e
historiadores, además de escultores, músicos, arquitectos, poetas y
pintores. Toda nuestra cultura debe una referencia sustancial a una obra
brillante que transcurrió durante poco más de siglo y medio.
Tanto trabajo positivo se pretendió
oscurecer con un decreto real que expulsaba a los jesuitas en 1767. Se
confiscaron sus bienes y se desterraron a más de cuatrocientos
intelectuales, constituyéndose en el primer exilio masivo de América que
naturalmente tenía por motivo el pensar diferente, en base a la
protección de los que menos tenían y eran sojuzgados por el poder
imperante.
Esta serie que presenta el doctor
Carlos A. Page pretende demarcar algunos aspectos del pasado de esta
universidad, que forma parte de unas de las páginas más brillantes de la
historia argentina. No es precisamente la errónea historia oficial
tantas veces infundada. Es un pasado sin sangrientas guerras, ni héroes
acartonados, sin monumentos ni placas y sin tumbas que los recuerden.
Pues no necesitan de esas frivolidades, constituyéndose en un pasado
digno de ser recordado y emblema cultural que llevamos en parte de esa
memoria etérea que conforma nuestra identidad como personas.
Capítulos
1-
Los inicios de la universidad de San Ignacio de Loyola
2-
¿Quién fue el primer rector de la universidad?
3-
Los estudios y costumbres en la universidad
4-
Estudios en el Noviciado y el Convictorio
5-
El sustento económico de la universidad jesuítica
6-
El edificio de la Manzana Jesuítica
7-
Una reducción y un mártir en Córdoba
8-
La imprenta jesuítica de Córdoba
9-
Expulsión de los jesuitas y expolio de sus bienes
10-
Cuando la universidad estuvo exiliada
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