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Morenada: achachis antiguos lucen
trajes plateados en su paso por el palco principal delante
de la Casa de la Cultura
“Patria viva o muerte/ Seguiremos
adelante/ Todos juntos te decimos/ hasta siempre, comandante”,
cantaban los integrantes de la fraternidad Verdaderos Rebeldes
del Gran Poder al son de sus matracas con el rostro de Ernesto
Che Guevara.
Eran la 13.30. El paso cansino de la morenada de los más de 300
danzarines de esta fraternidad recibía los aplausos. Por primera
vez desde su llegada (media hora antes), se levantaron de su
sillas del palco, ubicado delante de la Casa de la Cultura, el
presidente Evo Morales y el vicepresidente Álvaro García Linera.
Alegres, bailaron de la mano de chinas. Consultado por los
medios de comunicación acerca de qué le parecía la morenada,
Morales respondió: “Bien”. ¿Y la morena? Sonriente confesó:
“También”. Después recibió dos cuadros de Bartolina Sisa y Túpac
Katari como recuerdo de los pasantes. Los mandatarios bailaron
unas cinco veces con diferentes grupos.
Tres horas antes, a las 10.30, pasaron por el palco los
fraternos de la Comercial Eloy Salmón. El primer bailarín fue
don Vicente Chambilla, disfrazado de jach’a mallku jilacata con
la bandera de su fraternidad, rojo, blanco y verde, en la mano
izquierda y una pequeña balsa de totora en la derecha. Cada año
escoge un atuendo diferente (en 2006 bailó de oso). Esta vez
quiso “reflejar la cultura boliviana a través de un traje que
simboliza al lago Titicaca”.
Detrás de él sonaban rítmicas las matracas en forma de radio de
los centenares de integrantes que se alegraron al son de las
trompetas, tambores, platillos y bombos de dos bandas orureñas:
Unión Pagador e Internacional Poopó.
Un kusillo, miembro de los Wacas Juventud Estrellas del Gran
Poder, vestido con tejidos de color celeste calipso, llenó de
vida y alegría a la danza reconocida como patrimonio del
departamento de La Paz. La altura de sus saltos parecía superar
el medio metro, y su delgado cuerpo aparentaba suficiente
energía para llegar con el mismo ánimo hasta el final, en el
parque Roosevelt.
Una protesta
Las bandas no se quedaron al margen de la moda de este Gran
Poder. La Real Continental de Oruro vestía con su típico traje
de paño pero esta vez combinado con franjas de tela de aguayo
color vicuña. Acompañó a la fraternidad Unión de Bordadores
AMABA. También un quinteto de cóndores bailó al son de las
melodías. Uno de ellos llevaba un letrero que decía: “El cóndor
vive y reina en las alturas. El folklore se baila y une a países
andinos con altura”.
El Gran Poder lució sus galas. En esta
gestión destacaron varios diseños de vestidos, matracas y
accesorios con motivos de culturas precolombinas, como una
matraca en forma de monolito. También sobresalió la protesta de
varias fraternidades por el veto de la FIFA al fútbol
internacional en la altura.
Durante la entrada, varias agrupaciones exhibieron carteles en
defensa del juego y danza en la altura, a raíz del veto a los
partidos internacionales por encima de los 2.500 metros sobre el
nivel del mar.
Entre las participantes de esta comparsa hubo un bloque de
cholas antiguas cuyas mantas eran más bien aguayos verdes, con
figuras color tierra y largas flecaduras. Llevaban sombreros de
copa alta, al estilo antiguo.
Entre los danzarines de la morenada Catedráticos bailaron chinas
con trajes blancos combinados con aguayo café con bordados de
wiphala en la cintura.
Una sección de achachis morenos de esa comparsa lucía atuendos
con bordados elaborados sobre telas de aguayo verde.
La primera en ingresar en el recorrido fue la morenada Los
Fanáticos, la ganadora del año pasado. Los que bailaban de
pollerines hacían sonar matracas en forma de monolitos. Otras
fraternidades llevaban diseños forrados de dorado y plata.
Destacaron las cabezas de vaca de los Vacunos.
Casi a las 12.00, funcionarios de la Alcaldía de La Paz
repartieron pequeñas matracas con la inscripción “La Paz, líder”
a los invitados diplomáticos y a otras autoridades que se
hallaban en uno de los palcos. En primera fila, el embajador de
la República de Cuba, Rafael Dausá, aplaudía, bailaba y hacía
girar sin parar el instrumento obsequio.
El cantautor Luis Rico, quien también presenciaba la fiesta
desde el puesto oficial, manifestó que “el Gran Poder es una
especie de espejo de la realidad boliviana, nos muestra cómo
somos realmente y cuáles son los gustos de nuestra gente”.
Alcohol sin control
El pedido de la Alcaldía de no beber en la Entrada del Gran
Poder no tuvo efecto entre los danzantes. Desde las primeras
horas de la tarde de ayer, en el parque Roosevelt (ex zoológico)
se organizó una farra popular entre quienes llegaron al final de
la ruta.
Durante el trayecto, unos 300 representantes ediles
distribuyeron afiches con lemas que instaban a la población a
evitar el abuso del consumo etílico. Unas 80 “cebras” salieron a
las calles con pancartas con la imagen de una mano que tapa un
vaso.
Pero los danzarines bebían whisky, vino e incluso cerveza
durante los descansos o mientras bailaban. Uno de los pocos
grupos que no ingirieron alcohol fue el bloque Arco Iris,
compuesto por nueve alemanes y tres ingleses; lo único que se
les vio consumir fue jugo de frutas y galletas.
“Hay cosas que no cambian en esta fiesta”, reclamó Félix Aliaga,
de la Hermandad Jesús del Gran Poder. Se refería al excesivo
consumo de bebidas alcohólicas y a la falta de aportes para la
iglesia. “Ni siquiera el 20 por ciento de bailarines deja una
monedita”.
Hace un par de años que la parroquia solicitó que cada fraterno
entregara al menos 50 centavos para la refacción de la fachada
del templo; sin embargo, eso tampoco ocurrió ayer.
Al comienzo de la Entrada —un par de cuadras al norte de la
plaza Garita de Lima— proliferaron los centros de belleza
móviles. Karen Terrazas, de la línea cosmetológica Zermat,
explicó que en tres horas había atendido a unas 50 personas.
“Quienes más vienen son las chicas para que se les pongan uñas
postizas o se les haga algún detalle; los hombres vienen para
que se les pinte algo en el rostro”. Por sus servicios, ella no
cobraba más de 10 bolivianos.
La venta de hombreras y guantes blancos para los bailarines de
morenada también estuvo en el orden del día; los primeros
costaban 10 bolivianos, y los segundos, cinco.
Los baños públicos fueron otro negocio. Pese a que la Alcaldía
colocó mingitorios públicos, algunas casas ofrecieron estos
servicios por 50 centavos y un boliviano. En la avenida Camacho
se habilitaron dos urinarios. Otras personas prefirieron hacer
sus necesidades biológicas en la calle y el túnel San Francisco.
Los policías vigilaron especialmente los pasos para el público.
Bandas, todo un espectáculo
Las bandas brindaron un espectáculo aparte en la versión 2007
del Gran Poder. Sus pasos coquetos fueron ovacionados a lo largo
del recorrido folklórico.
Los platilleros de La Unión Pagador, de Oruro, bailaron en una
ronda alrededor de un percusionista que, de pie sobre un bombo
que era levantado por otros integrantes, golpeaba otro que
llevaba inscrita la frase: “Deporte con altura”.
Sus primeras filas, compuestas por jóvenes percusionistas y
tamboristas, llevaban un uniforme deportivo poco usual en el
ámbito de las entradas. Los músicos de la banda paceña
Imbatibles dieron vida a sus gabardinas negras con camisas
naranja con un paso cadencioso y movimiento de hombros.
Al pasar por el palco, los integrantes de la Intercontinental
Poopó pusieron sus sombreros sobre sus trompetas para luego
elevarlas al son de las letras que cantaban en coro.
La orureña Central Cocani marcó diferencia con sus trajes verde
claro y una camisa roja contrastada con corbatas blancas. Las
combinaciones de colores alegres son una característica en esta
festividad. Los músicos, especialmente de las morenadas, marcan
el paso.
El comercio
El alquiler de los asientos costaba desde cinco bolivianos hasta
15.
Las bandas aprovecharon el encuentro para ofertar sus CD de
música.
Había folletos sobre la historia del Gran Poder
que valían dos bolivianos.
Un plato de thimpu costaba entre 10 y 30 bolivianos. Era el más
ofertado de la Entrada. |