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Murió “la diva de los pies descalzos”
La cantante murió a los 70 años. En setiembre había anunciado que se
retiraba de los escenarios por problemas de salud.

Cesária Évora, con su voz grave y dulzona
conquistó al circuito internacional de música del mundo.
La cantante caboverdiana Cesária Évora falleció ayer. Tenía 70 años y
murió en el Hospital Baptista de Sousa, en la isla de San Vicente, en
Cabo Verde. La causa del fallecimiento ha sido una “insuficiencia
cardiorrespiratoria aguda y una tensión cardíaca elevada”, según
indicaron fuentes del hospital.
Évora, conocida como la reina de la morna -una sugerente mezcla del fado
portugués, la modinha brasileña, el tango argentino y el lamento
angoleño-, anunció en setiembre que se retiraba de los escenarios por
motivos de salud.
Desde una operación a corazón abierto a la que se sometió en mayo de
2010, la cantante había transitado por otras varias intervenciones y su
estado de salud era cada vez más delicado.
La cantante caboverdiana Cesária Évora conoció tardíamente el éxito,
pero se convirtió en una artista de fama mundial y nunca dudó en subirse
al escenario sin zapatos, para convertirse en la “diva de los pies
descalzos”.
Con la salud sumamente quebrantada desde hace varios meses, había
anunciado su salida definitiva de los escenarios en setiembre y, poco
después, fue hospitalizada en su isla natal de San Vicente, en el norte
del archipiélago de Cabo Verde.
La mujer, a quien los caboverdianos llamaban cariñosamente “Cise”, había
celebrado su cumpleaños número 70 el 27 de agosto en Mindelo, su ciudad
natal (también considerada la “capital cultural” de Cabo Verde).
Évora era hija de un músico y de una cocinera. Su padre tocaba la
guitarra y el violín pero falleció cuando la joven tenía apenas siete
años de edad. La joven quedó entonces bajo responsabilidad de su abuela
y fue criada y educada por monjas en un orfanato.
Empezó a cantar a los 16 años en bares y fiestas y así comenzó a
construir una pequeña fama local con sus canciones tristes sobre el
amor, la pobreza y el mar; en especial bajo la forma musical más
tradicional de Cabo Verde: la ‘morna’.
Sin mayores aspiraciones Évora pasó diez largos años sumergida en la
soledad y en una lucha constante con el alcohol, hasta que en 1985
recibió una llamada telefónica que cambió su vida.
Era el músico caboverdiano José da Silva, quien le proponía hacer unos
conciertos en Portugal. Da Silva se convertiría en el mentor de la
carrera internacional de Évora y también su productor.
Ya próxima de los 50 años de edad, la vida de Évora cambió de rumbo y,
siempre en la compañía de da Silva, inició unas visitas a París. En 1988
lanzó su primer disco, “A diva dos pés descalços” (“La diva de los pies
descalzos”), un nombre que le quedaría para siempre.
En 1991 lanzó el disco “Mar azul” y al año siguiente la obra que la
catapultaría a la fama mundial, “Miss Perfumado”, que presentó en dos
conciertos verdaderamente triunfales en París.
La cantante se lanzó entonces a recuperar el tiempo perdido, con giras
mundiales, abarcando tanto Estados Unidos como Suecia, Japón o Senegal.
En cada concierto Évora subía al escenario con los pies descalzos y,
habitualmente, se permitía una pequeña pausa entre canción y canción
para disfrutar de un trago de cognac o un cigarrillo.
La obra discográfica de Évora continuó con “Cabo Verde”, de 1997, y “Sao
Vicente di longe”, de 2001, entre otros éxitos. En 2002 grabó un famoso
disco con Salif Keita, y en 2004 lanzó “Voz d’amor”, uno de sus discos
más premiados.
En marzo de 2008 Évora recibió la “Encomienda de la Legión de Honor de
Francia”, pero meses más tarde sufrió un accidente vascular-cerebral y
tuvo que conformarse con reducir su ritmo de trabajo y viajes. A pesar
de ello, en 2009 lanzó un nuevo disco “Nha sentimento”. Con la salud
deteriorada, en mayo de 2010 sufrió una operación a corazón abierto que
duró seis horas. Al recuperarse dijo que quería volver a los escenarios.
Pero, en el primer semestre de 2011, y aunque realizó otra triunfal
serie de conciertos en París, se vio forzada a anunciar que había
llegado el momento de parar: “La vida sigue. Hice lo mejor que pude”,
dijo en una entrevista a Le Monde.
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