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Inusual oferta de un millonario para
crear un parque nacional
Negocia la donación con el Gobierno. Douglas Tompkins es cuestionado
por la cantidad de recursos naturales que controla en Argentina. Ahora
ofrece regalar 150 mil ha en los Esteros del Iberá para hacer la mayor
área protegida del país.

NATURALEZA VIRGEN. LOS ESTEROS DEL IBERÁ VISTOS
DESDE UNA DE LAS AVIONETAS DE TOMPKINS. OCUPAN UNA EXTENSIÓN DE
1.300.000 HECTAREAS.
El Parque Nacional del Iberá, un ecosistema multipoblado de especies
animales.
Parque Nacional, Douglas Tompkins, Esteros del Iberá.
Es el socio inesperado. Cinco años atrás, alrededor de su figura
florecían acusaciones que hasta los mismos funcionarios del Gobierno
Nacional, a voz alzada, se ocupaban de ratificar. Decían que el magnate
ecologista Douglas Tompkins, dueño de miles de hectáreas en el Litoral y
en la Patagonia, venía por los recursos naturales, el agua y el futuro;
que ya se había apropiado de medio Chile y que su nuevo objetivo era el
Acuífero Guaraní. Por ejemplo, siendo Secretario de Tierras de Néstor
Kirchner, Luis Delía irrumpió una mañana en una de sus estancias
correntinas, cortó los alambrados con una tenaza y anunció que el
norteamericano sería expropiado porque la tierra debe ser de los
argentinos y nunca de un “gringo imperialista”. Eso dijo, pero nada,
finalmente, sucedió.
Ahora, a través de una alianza con Tompkins, el Gobierno Nacional
trabaja para crear el área protegida más grande del país en los Esteros
del Iberá: un parque nacional de más de un millón de hectáreas en el
norte de Corrientes, habitado por yacarés, carpinchos y aves de mil
formas; una postal de confín, con matices de sabana africana. El proceso
fue confirmado a Clarín por el mismo Tompkins y por fuentes del
ministerio de Turismo de la Nación. El estadounidense lo expresó sin
vueltas: “Estamos haciendo la donación de tierras más grande de la
historia”, dijo. En el norte de Corrientes, según datos del sector
inmobiliario, la hectárea no baja de los 1.500 dólares, por lo tanto el
norteamericano está ofreciendo un territorio cuyo valor alcanza los 180
millones de dólares.
Las conversaciones entre Gobierno y Conservation Land Trust (CLT), la
fundación del terrateniente ecologista, comenzaron hace más de un año y
medio. Pero se aceleraron en mayo cuando, mediante una carta de
intención, Tompkins ofreció al ministro Enrique Meyer donar las cuatro
estancias que posee en la zona. Se tratan de 150 mil hectáreas clave.
Desde ellas es posible controlar la totalidad de los Esteros del Iberá,
el segundo humedal más grande de Latinoamérica.
Pero el proyecto viene con controversias: para crear el parque, además
de la tierra de Tompkins, se necesita que el gobierno correntino ceda a
la Nación más de 700 mil hectáreas fiscales, hoy protegidas bajo la
categoría de Reserva Provincial. En ese punto está la traba, porque la
creación de la mega área natural chocaría con los intereses de los
productores agropecuarios de la región, que necesitan el agua para sus
cosechas. El gobernador de Corrientes, Ricardo Colombi, sostiene que por
ahora no será viable la cesión de tierras, pero como su mandato vence en
menos de dos años, en el Gobierno Nacional especulan con que el parque
se concretará en 2013.
Ni el Gobierno ni Tompkins parecen tener apuro. Mientras el tiempo pasa,
las conversaciones continúan y el Iberá, a fuerza de promoción
turística, no para de recibir visitantes. La calma de Colonia Carlos
Pellegrini, pueblo lindante con uno de los campos del norteamericano, en
el corazón del estero, ahora se ve alterada por la cantidad de turistas
foráneos que llega hasta el lugar para realizar avistajes de fauna.
Clarín fue testigo esta semana de lo que ocurre en ese sitio de
naturaleza salvaje en el interior del país.
Desde que arribó en 1998, Tompkins y sus equipos vienen trabajando sobre
la totalidad del área. En varias ocasiones fueron denunciados por el
fundamentalismo con que se dedican a preservar recursos naturales y
chocaron con estancieros de la zona por su militancia ambiental que
consiste en oponerse a cualquier tipo de actividad extractiva que
implique una degradación para el medio ambiente. Se ocupan,
principalmente, de reintroducir especies en peligro de extinción. Ya lo
hicieron con el oso hormiguero y con el venado de las pampas. Y apuestan
ahora por el yaguareté, un felino que hace más de cien años dejó de
verse por el pantano. Tompkins recibió a Clarín esta semana en su
estancia Rincón del Socorro, donde vive 6 meses al año (el resto lo pasa
en el Sur de Chile) y habló de sus intenciones. Seguidor del movimiento
de la ecología profunda, basado en una excesiva compasión por la
naturaleza, expresó que busca donar lo que posee porque sólo pretende
crear áreas protegidas. Por si quedan dudas, sus dos hijas no heredarán
tierra porque ya les hizo adelanto de herencia en vida.
Con el Iberá, el norteamericano intentará replicar la experiencia del
Parque Nacional Monte León, inaugurado en 2004 en Santa Cruz, después de
que efectuara una donación de 70 mil hectáreas sobre el litoral austral.
Tompkins es, además, el extranjero que se manifiesta a favor del
proyecto oficial de ley de tierras. Aunque dice que le falta claridad,
lo valora como punto de partida para discutir el uso que se hace de los
suelos en el país de la tierra infinita, la Argentina.
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