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Alemania, primera
potencia que renuncia a la energía nuclear.
Tiene17 centrales. No reencenderá los 8 reactores que apagó en marzo,
tras el desastre en Japón.

Alemania no volverá a encender este año sus ocho reactores nucleares más
viejos –apagados en marzo, tras el desastre en Fukushima, en Japón– y se
despedirá completamente de la energía nuclear en 2022.
La decisión fue acordada en una reunión de los ministros de Medio
Ambiente de cada estado alemán junto con el ministro federal del
ambiente, Norbert Roettgen. Alemania posee 17 centrales nucleares. “Ya
no encenderán más sus motores y esa decisión es irrevocable”, sostuvo
Roettgen en referencia a los ocho reactores ya apagados. Dijo que la
mayor parte del resto “dejará de funcionar antes de finalizar 2011 y los
tres más modernos serán apagados con plazo hasta 2022”.
De esta manera, Alemania –la primera economía de Europa– se convierte en
la primera potencia industrial que renuncia a la energía atómica.
“Nuestro sistema energético debe ser cambiado radicalmente. Queremos que
la electricidad del futuro sea segura y, al mismo tiempo, sea confiable
y económica”, dijo la canciller Angela Merkel.
El plan para la anulación de los reactores en 2022 representa un retorno
al calendario fijado por la coalición formada por los socialdemócratas y
los verdes.
Tras la catástrofe de Fukushima a raíz del terremoto y tsunami del 11 de
marzo, Merkel dispuso detener las centrales más antiguas y abrió el
debate para el abandono de los planes nucleares.
El recurso nuclear abastece el 23 por ciento de las necesidades de
energía eléctrica de Alemania. Sin embargo, la decisión implica mayores
costos para la economía alemana, que deberá importar energía. Se calcula
que la renuncia a la energía nuclear implica un costo de 33 mil millones
de euros.
Los analistas han advertido que Alemania fortalecerá las estaciones de
energía con base en carbón, altamente contaminantes. También temen que
la República Checa y Francia aumenten su producción de energía nuclear.
De esa opinión es el ministro de Medio Ambiente sueco, Andreas Carlgren,
quien criticó la nueva política alemana y la calificó de “poco
realista”. Señaló que va a tener que importar energía nuclear de Francia
y se volverá más dependiente del carbón.
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